
Pero tras varias sesiones vieron que no hacía efecto, asi que innovaron su propia técncia de yoga.
Y entonces sí, que encontraron, la paz, la relajación y mucho, mucho placer.
En cambio yo, tras unas pocas sesiones, estoy roto. Así que toca un domingo de sillón para intentar recuperarme de tanta paz interior. Ojo, que seguramente será culpa mía porque lo haga mal, pero en estos momentos odio el ejercicio físico no sexual.