Ayer iba en el metro cuando entro una mujer espectacular. Morena, piel blanquecina, ojos claros, mediana estatura y unos pechos cojonudos, con unos pezones picudos que casi traspasaban un jersei verde. Se puso enfrente de mí y aunque no me hizo ni caso, no pude dejar de echarla miradas indiscretas. Cuando llegó su parada se agachó y dejó a la vista un tanga negro que me puso super cachondo, y eso que no soy muy fan de los tangas. Total, que me quedé superempalmado. Tanto, que tuve que hacer malabarismos para no rozarme con nadie cuando llegué a mi parada.
Ya en la calle, iba tan excitado, que decidí entrar en un sex shop que hay cerca de casa y por el que paso día tras día. El camino hasta allí fue de una excitación considerable. Nunca me había masturbado en unas cabinas, pero ayer lo necesitaba. Entré con expectación. Pasé a mi cabina, y allí, por dos euros, busqué una peli porno con una morena igual que la del metro. Y me masturbé hasta correrme. La verdad, es que la paja no fue nada del otro mundo, prefiero mil veces más una buena paja en casa frente al ordenador o en el sofá, pero tengo que reconocer que los momentos previos fueron muy excitantes.
Sé que es una gilipollez, pero me apetecía escribir.
La morena que ilustra el post se llama Luisa, tiene un nombre horrible, pero unas tetas de infarto, y es lo más parecido que he encontrado a mi bomboncito del metro.