Milly D'Abbraccio es una pornostar italiana de 45 años, metida a política, y de la cual ayer leí una curiosa noticia. Y es que haciendo un show erótico, sacó a bailar a un fan aférrimo y el pobre se desmayó de la emoción. El video y la noticia completa la podeis leer aquí, y la biografía de Milly en la wikipedia.

Es curioso y en cierta medida patético, tener a tu idola delante y de golpe y porrazo desmayarte. ¿Qué os pasaría a vosotros si os ocurriese?. ¿Y si Pervert se encontrara con Amy Reid, o Maya con Keyra Agustina o Little devil con Lanny Barby o Bananero Kafkiano con Licenciada Tetarelli o DosTetas con Kate Booth u Oberon con Mónika Vesela o,o,o y así podría seguir infinitamente?. No sé lo que ocurriría, lo que sí puedo contar es lo que ocurrió cuando yo me encontré con mi adorada Yulia Nova. (ficción 100%).

Llevaba años en Moscú. Un día estaba ante el ordenador viendo esta foto de Yulia y lo dejé todo. Huí, escapé a Rusia, con la intención de encontrarla. No por enamorarla, eso sería demasiado presunción, simplementa verla, tenerla a escasos metros de mí, notar su presencia, descubrir su olor.
Pero pasaron los años, muchos, ya ni me acuerdo. Tantos que ya ni siquiera recordaba que hacía en esa fría ciudad. Un día de primavera, un día bastante caluroso para ser Abril, entré en una cafetería pues mi acompañante tenía sed. Estuvimos un rato juntos, el uno delante del otro, sin nada que decirnos, esperando a tomar nuestras consumiciones para volver a salir fuera. De repente alguien pasó a mi lado y mi cuerpo se electrificó, el corazón dejó de latir y pensé que había llegado mi hora. El infarto estaba a punto de llegar. Empecé a respirar con tranquilidad, a intentar no desesperarme y entonces la ví. No era una infarto, era ella, era Yulia Nova.
Estaba sentada frente a mi, acompañada también. Ya no era la muchacha inocente de las fotografías, pero sus ojos, su boca, su belleza seguía estando ahí. La podría reconocer entre millones de mujeres incluso con mi cansada vista. Lo que llevaba tantos años esperando acababa de suceder pero ni yo estaba solo ni ella tampoco. tenía que acercarme, saludarla, decirle quien era, contarle que llevaba, que llevo, años enamorado de ella, pero el miedo me acobardó. Tanto que aproveché la insistencia de mi acompañante para huir de la cafetería, como había huido hace años de Madrid.
Me senté en un parque cercano, mientras mi acompañante se refrescaba en la fuente. Saqué un viejo libro de Dostoievsky, en ruso. Estaba cerca del final, cuando alguién se sentó a mi lado. La sangré volvió a hervir y supe quién estaba junto a mi. Miré y alli estaba ella con su amplia sonrisa. Nuestras miradas se cruzaron amablemente durante varios segundos hasta que giré la cabeza para mirar al frante y descubrir que nuestros acompañantes se habían puesto a hablar alegremente a escasos metros nuestros.
Pasaron unos minutos que parecieron horas hasta que me decidi a actuar. Me acerqué a su blanca y fría mejilla y le di un cálido beso. Muy suave, le susurré en un perfecto ruso que llevaba ensayando años, "Sé quién eres. Llevo toda la vida enamorado de tí". Yulia sonrió y me acarició la mano. El mejor momento de mi vida. Volvimos a mirar al frente para descubrir como nuestros nietos jugaban sin apenas concoerse. Quizás el pequeño Nicolas, mi nieto de 8 años, consiga lo que yo nunca logré, conquistar a Yulia Nova.
Pero pasaron los años, muchos, ya ni me acuerdo. Tantos que ya ni siquiera recordaba que hacía en esa fría ciudad. Un día de primavera, un día bastante caluroso para ser Abril, entré en una cafetería pues mi acompañante tenía sed. Estuvimos un rato juntos, el uno delante del otro, sin nada que decirnos, esperando a tomar nuestras consumiciones para volver a salir fuera. De repente alguien pasó a mi lado y mi cuerpo se electrificó, el corazón dejó de latir y pensé que había llegado mi hora. El infarto estaba a punto de llegar. Empecé a respirar con tranquilidad, a intentar no desesperarme y entonces la ví. No era una infarto, era ella, era Yulia Nova.
Estaba sentada frente a mi, acompañada también. Ya no era la muchacha inocente de las fotografías, pero sus ojos, su boca, su belleza seguía estando ahí. La podría reconocer entre millones de mujeres incluso con mi cansada vista. Lo que llevaba tantos años esperando acababa de suceder pero ni yo estaba solo ni ella tampoco. tenía que acercarme, saludarla, decirle quien era, contarle que llevaba, que llevo, años enamorado de ella, pero el miedo me acobardó. Tanto que aproveché la insistencia de mi acompañante para huir de la cafetería, como había huido hace años de Madrid.
Me senté en un parque cercano, mientras mi acompañante se refrescaba en la fuente. Saqué un viejo libro de Dostoievsky, en ruso. Estaba cerca del final, cuando alguién se sentó a mi lado. La sangré volvió a hervir y supe quién estaba junto a mi. Miré y alli estaba ella con su amplia sonrisa. Nuestras miradas se cruzaron amablemente durante varios segundos hasta que giré la cabeza para mirar al frante y descubrir que nuestros acompañantes se habían puesto a hablar alegremente a escasos metros nuestros.
Pasaron unos minutos que parecieron horas hasta que me decidi a actuar. Me acerqué a su blanca y fría mejilla y le di un cálido beso. Muy suave, le susurré en un perfecto ruso que llevaba ensayando años, "Sé quién eres. Llevo toda la vida enamorado de tí". Yulia sonrió y me acarició la mano. El mejor momento de mi vida. Volvimos a mirar al frente para descubrir como nuestros nietos jugaban sin apenas concoerse. Quizás el pequeño Nicolas, mi nieto de 8 años, consiga lo que yo nunca logré, conquistar a Yulia Nova.